Historia y curiosidades
El desarrollo del LFA se extendió a lo largo de unos diez años, un periodo en el que los ingenieros de Toyota y Lexus llegaron a probar y descartar una carrocería de aluminio en favor de una estructura de fibra de carbono fabricada casi en su totalidad en las propias instalaciones de la marca, algo poco habitual incluso hoy en día en un coche de producción. Su motor V10 de 4.8 litros se desarrolló en colaboración con Yamaha, empresa con una larga trayectoria en la afinación acústica de motores, lo que dio lugar a un sonido de escape descrito a menudo como uno de los más elaborados jamás producidos por un automóvil de calle.
Entre las curiosidades técnicas del LFA destaca su cuadro de instrumentos, con un tacómetro totalmente digital cuya aguja se mueve con la fluidez de un instrumento analógico, un sistema patentado por Lexus. La marca ofreció además un "Paquete Nürburgring" con ajustes adicionales de suspensión y aerodinámica, con el que el LFA llegó a firmar un tiempo de vuelta muy competitivo en ese circuito para un coche de producción de su época. Se ha señalado en numerosas ocasiones que Toyota vendió cada unidad del LFA muy por debajo de su coste real de desarrollo y fabricación, lo que refuerza su condición de proyecto de imagen de marca más que de producto pensado para generar beneficio económico directo.